¿Cuántas veces os habéis encontrado con un paciente (niño o adulto) que os viene hasta arriba de mocarros y os dicen los padres (familiares o cuidadores en general) que está así constantemente?
Yo, que trabajo más con peques, muchas. Y no sólo mocos, sino estreñimiento y otras mil historias.
Y los padres (sé que no sólo son ellos los cuidadores, pero por no repetirme me referiré a ellos) no saben qué hacer, se resignan y se piensan que eso es normal. Evidentemente, no lo es. Sí nos molestamos en enseñarles a hacerle Vojta a su peque, pero no en otras cosas tan básicas como ayudarles a movilizar y expulsar secrecciones. Luego que la criatura tiene neumonías, deformidades torácicas, deformidades orales... Y todo el día en la consulta, claro.
Hoy no quiero hablar de lo que nos ahorraríamos enseñando a los padres y a los pacientes, quiero hablar de calidad de vida.
Pocos profesionales se molestan en enseñar cosas básicas para que mejore la calidad de vida de esa persona con discapacidad y su familia. Y hablo de cosas básicas, evidentemente no tienen por qué saber todas las implicaciones de cada técnica (o sí), porque para eso ya estamos nosotros.
Es taaaan básico y tan eficaz a la vez que no llego a comprender por qué no se hace. No olvidemos que tratamos con personas y que no sólo rehabilitamos, sino que tenemos que buscar y proporcionar la mayor calidad de vida posible para ellas y sus familias.
Ya no sólo deberíamos ser los profesionales los que dediquemos tiempo de nuestras sesiones a enseñar a los padres, sino que creo que sería muy productivo organizar escuelas de cuidadores con talleres en los que enseñar cosas tan básicas como las que comento.